La miel, una pasión con memoria (y sudor)

En el marco de la Semana Cultural de Las Hurdes en La Alberca, Juventino Domínguez, miembro de una saga familiar con larga tradición apícola y presidente de la cooperativa Apihurdes, acaparó la atención del coloquio convocado en torno a La miel y el aceite, dos productos con memoria. A última hora, Justino Corchero, gerente de Jacoliva, una empresa oleolícola de carácter familiar radicada en el límite de la comarca hurdana, tuvo que declinar su participación en la charla, en la que iba a abordar los aspectos relacionados con la producción de aceitunas y aceite. Aunque Juventino se ofreció a hablar también del aceite, “porque, además de colmenas, tengo olivos”, las preguntas de los asistentes se centraron en la apicutura.

Estas fueron algunas de sus explicaciones a lo largo de la charla:

«¿Mi recuerdo más antiguo relacionado con la apicultura? Debía tener cinco años. Eran años maravillosos. Mi padre tenía noventa enjambres en corchos y los había puesto el cazapolen. Una mañana, cuando me levanté, mi madre vio que el niño, que era yo, tenía la cara y la cabeza muy hinchada. ¿Qué hiciste ayer?, me preguntó viéndolas venir. Le dije que había estado en los enjambres para llevar flores a la colmena con mis manos. Me debieron poner la cabeza a caldo… No lo he ha podido olvidar. Además, mis padres me lo repitieron muchas veces. Ahora, las abejas todavía me pican y no pasa nada, pero doler duelen…”.

Datos actuales

“En la actualidad la cooperativa Apihurdes es la más importante de España por su volumen de facturación, junto a la salmantina de Las Quilamas. Está integrada por 160 apicultores que pueden sumar más de 100.000 colmenas. En Las Hurdes, fuera de nuestra cooperativa, puede haber otro número similar de apicultores”.

«En estos momentos un apicultor tiene, como término medio, unas 500 colmenas. Un estudio de la Junta de Extremadura calculó que una familia, para subsistir mediante la apicultura, necesitaría esa misma cantidad, alrededor de 500 colmenas. Sin embargo, me inclino a pensar que con los problemas que estamos teniendo en los últimos años hacen falta bastantes más”.

“La productividad se ha reducido en los últimos años por encima del 30 por ciento. Reponer la cabaña que hemos ido perdiendo requiere mayor esfuerzo en términos económicos y en dedicación profesional para compensar el debilitamiento que está sufriendo la propia cabaña”.

Siglos de historia

“La apicultura existe en Las Hurdes desde tiempo inmemorial. Yo pienso que debió llegar junto al alcornoque y el olivo. Ya las ordenanzas de La Alberca del siglo XVI recogían la existencia de colmenas en la comarca. Y según documentos que he podido ver, el olivo y el alcornoque ya estaban en torno al año 900. Algo más tarde llegó el castaño”.

“En la apicultura que desarrollan mis abuelos y mis padres el castaño no era importante, pero ahora sí. Esto tiene relación con el cambio climático y el periodo de floración. Además, el aporta una miel de una calidad maravillosa, con una conductividad del 14. Las normas de calidad que exige la Unión Europea requieren que la miel de bosque tenga una conductividad eléctrica mínima de 9,5. Por eso, al mezclar la miel de castaño con otras de buena calidad se obtienen resultados excelentes. Eso lo hemos aprendido de los alemanes. Ellos mezclan mieles muy buenas –de España, de Francia…– y de esa manera llegan a Arabia Saudí, a Emiratos, etc., donde consiguen unos precios formidables”.

Relaciones exteriores

“En Alemania residen algunos de nuestros clientes más importantes. Ellos son los principales capos de la miel a nivel mundial, porque suyos son los grupos empresariales que controlan buena parte de la producción mundial. Tienen empresas que cuando levantan el teléfono te pueden comprar una cosecha entera. Yo he firmado contratos de 550.000 kilos. Pero eso tiene su parte buena y su parte mala, porque apretarnos muy duro con los precios».

«Es verdad que, hace unos años, nuestra producción se vendía casi íntegramente a Alemania. En cualquier caso, el que los alemanes compren nuestra miel no quiere decir que sean ellos quienes la consumen, sino quienes la distribuyen».

«Hace tres años pude comprobar que en Arabia Saudí que la miel que ellos compraban como miel negra o de bosque podía ser perfectamente de nuestras tierras o de las Quilamas salmantinas; en definitiva, del oeste ibérico. Sin embargo, durante algún tiempo los alemanes pensaban que la miel oscura era más propia de Valencia –tal vez por la tradición fenicia–, aunque en realidad fuera fundamentalmente extremeña o de Castilla y León, con algunas cantidades también de Navarra y Galicia”.

“Cuando me preguntan por la calidad de las mieles chinas, tan presentes en el mercado actual, digo que no me gusta hablar mal de compañeros o competidores. Entre otras razones, porque en China hay buena miel, aunque esa no sea la que viene a Europa. La consumen los japoneses, que la pagan muy cara. La que llega aquí es otra, procedente de cultivos industriales como la soja, la colza, el girasol… todos ellos tratados y, en algunos casos, modificados genéticamente. Nosotros no podemos hacer eso, estamos obligados a garantizar un producto sin OMGs (organismos modificados genéticamente)».

«Otro de los problemas de esas mieles chinas es que están ultrafiltradas para que no se detecte el origen botánico y, por ende, geográfico. Pero ese proceso requiere elevadas temperaturas que reducen importantes propiedades de la miel y suprimen el polen y el propóleo, dos elementos de gran interés para el sistema inmune. A quienes consumen esa miel yo les recomiendo que coman un terrón de azúcar”.

“Cuando alguien me pregunta qué tiene la miel que compra a un precio muy barato, le digo que pregunte más bien qué no tiene esa miel».

Miel con garantías

“Para nosotros las pruebas del famiz y del carbono 14, con las que se detecta la existencia del grado de adulteración de la miel, son un requisito previo al envío del producto; y no es el único control que debemos superar. Eso tiene unos costes importantes. Sin embargo, pese a todo, la existencia de mieles adulteradas es un hecho cierto, porque hay quienes buscan dinero fácil, por decirlo suavemente”.

“Los apicultores no fabricamos nada. Nuestra tarea consiste en no estropear el buen producto que ha hecho la abeja y eso exige cuidar la temperatura, que la miel esté bien operculada, que la humedad de la propia miel sea la adecuada. Todo eso tenemos que aprenderlo y cuidarlo los apicultores”.

“En Las Hurdes se crían abejas, pero la miel la producen en otros lugares… Por eso establecer una Denominación de Origen tiene sus dificultades: exige circunscribirse a un territorio muy estricto del que no se puede salir, a unas reglas muy precisas o a un consejo regulador. Nosotros nos inclinamos más por una IGP (indicación geográfica protegida), que requiere una práctica cultural dentro de un determinado territorio. La denominaríamos Miel Hurdes”.

Cambios e innovación

“El procedimiento más antiguo para la extracción de la miel consistía en cortar los panales, vaciarlos en un cesto de mimbre y machacarlos; así salía la miel y arriba se quedaba la cera. Ahora, non las nuevas colmenas, ya sean de desarrollo horizontal o vertical, los panales se llevan a la centrifugadora. De allí sale la miel mientras la cera se devuelve a la colmena, salvo que esta sea muy vieja. La miel centrifugada es mejor que la tradicional, porque siempre va a tener más impurezas, aunque, en contrapartida, puede contener más polen”.

“Uno de los proyectos que hemos estado desarrollando y en el que la cooperativa se implicó mucho es el de la apicultura 4.0, una manera de saber dónde y cómo está nuestra ganadería en cada momento. Tener colmenas es como tener varias novias: unas en Las Hurdes, otras en Zamora o en cualquier otro lugar. Y el apicultor necesita saber si comen, si están afectadas por la varroa, si alguien ha tirado las colmenas al suelo… Por eso desarrollamos una aplicación de móvil que podía sernos muy útil, porque nos permitía conocer en cada momento la posición, la temperatura, el movimiento en el interior de la colmena… Todo lo básico para el apicultor. Sin embargo han surgido algunos problemas y estamos trabajando para resolverlos».

“También hemos trabajado con la Diputación en un proyecto de selección de abejas reina. La situación de los últimos tres años está en proceso de maduración, porque la pérdida de productividad nos obliga a pensar más en las abejas comunes que en las reinas. Tal vez más adelante podamos retomarlo, cuando el apicultor pueda asumir que la aportación que le corresponda podrá resultar más rentable de lo que podría serlo ahora”.

“La gente joven se interesa por la apicultura. Sobre todo, en las zonas donde tiene una mayor presencia y tradición. Sin embargo, me parece que los chicos que carecen de esa tradición familiar lo tienen más difícil. Con ilusión, algunos saldrán adelante, pero también los habrá que se quedarán en el camino”.

Las amenazas

“Las abejas no mueren por una sola causa. Por ejemplo, el ácaro de la varroa es muy resistente a los medicamentos. Llevamos 15 años aplicando contra ellos prácticamente el mismo producto, pero el resultado ahora empieza a ser peor. Siempre quedaba una varroa residual. Pero con 14 varroas o más, al año siguiente, si no curas las colmenas, se mueren. Por eso ahora no basta. Antes la eficacia superaba con mucho el 90 por ciento…».

«La varroa es, además, un vector de enfermedades. Nosotros  sabemos que abejas padecen cinco virus, pero algunos investigadores hablan ya de 22. La globalización nos afecta en todo, para bien y para mal… Nuestra abeja autóctona, la ibérica, es menos resistente que otras a ciertos virus y enfermedades… Por el contrario, la polilla de la cera, que en otras partes del mundo es un problema muy serio, tiene muy poca importancia entre nosotros”.

“El cambio climático tiene mucho que ver con todo esto… Paradójicamente, la intuición que yo tengo es que vamos a frío. Eso me dicen las abejas. Lo vengo sintiendo desde hace años. Antes, cuando iba con mi padre, con temperaturas de 10 o 12 grados no se movía una abeja. Yo las he visto ahora trabajar con 7 grados; si hay comida muy buena, como la del brezo, funcionan”.

“Hace veinte años en las dehesas de Extremadura había unos cardos que florecían por San Juan, el 24 de junio. En aquellas fechas había que cambiar las colmenas porque empezaba el roble en Salamanca. Se superponían los dos productos. Pero ahora, donde ese cardo florecía en septiembre, ahora lo hace en agosto. Las temperaturas incluso son cada vez más parecidas. Antes había diferencias mucho mayores”.