Una reflexión sobre el poso y el pasado

Los medios de comunicación defienden a coro, sin disidencias, la normalización de Las Hurdes, el fin de la leyenda negra, la homogenización de la comarca extremeña con cualquier otra española… Las autoridades celebran esta nueva etapa y buena parte de los hurdanos se suman a la reivindicación.

Se insiste en el impulso que dio a la comarca la visita del rey Alfonso XIII, en la dirección marcada por los movimientos relacionados con el regeneracionismo extremeño, profundamente conservador, y exagerando los reducidos efectos reales del aquel viaje real, cuyo centenario se ha querido conmemorar  con otro viaje regio.

Los habitantes de la comarca se suman a la celebración homologando, por una parte, aquella etapa con lo vivido en otras zonas españolas y, por otra, estableciendo definitivamente la plena identificación de todas ellas en los tiempos actuales. Así se dan por superados o arcaicas aquellos aspectos que resaltaron la singularidad de Las Hurdes, las que elevaron a la comarca a la categoría de símbolo de la España rural, las que fijaron el abandono secular por parte de los organismos públicos responsables y, a la vez, el tesón de sus gentes para sobrevivir y alcanzar una vida digna en condiciones especialmente adversas por razones naturales y, en buena medida, políticas.

Y así, en la medida en que se ensalza la modernidad de Las Hurdes en aras de su normalización, se esconde y desaparece su singularidad, sus referencias culturales, su valor simbólico. En aras, pues, de un supuesto desarrollo económico se ataca su principal activo y atractivo, su patrimonio más genuino y sostenible.

Un ejemplo: con motivo de la reciente visita del rey Felipe, conmemorativa de otra protagonizada por su bisabuelo hace cien años, todos los representantes de Las Hurdes y la inmensa mayoría de sus habitantes destacaron la normalidad de la comarca en relación con cualquiera otra. El rey (o los reyes) han acudido a ella exactamente por lo contrario: su singularidad. No se trata de saber quién tiene razón, sino de comprender los significados más allá de sus significantes.